lunes, octubre 22, 2007

JOROPO

Guayabo y despecho en los llaneros





sábado 6 de octubre de 2007




Guayabo es resaca, pero casi nadie ha aceptado esa definición hasta ahí. Hay algo más: despecho. Se toma para olvidar la pena, y lo que viene después es ratón, no guayabo, aunque el diccionario diga lo contrario. Así que en Venezuela y probablemente en Colombia el que anda "enguayabao" es el que toma para bloquear los recuerdos. O como dice el Carrao de Palmarito, con cada trago se borra un recuerdo.

Julio Miranda entra en detalles y se recrea en el recuerdo del perdido amor.

A Tirso Ávila en su famoso guayabo la pena lo hace pensar en lanzarse al Patrullero, como única forma de olvido. El tono de su canto, no obstante el pesimismo, no da la impresión apabullante de la pena, como en El Carrao de Palmarito arriba, pero guayabo al fin, cada cual con su modo de pasarlo.

Notable es el modo cómo Pedro Arráez disipa su despecho, con el campo, el paisaje, las paraulatas, el camino... Como un llanero, pues, atapuzado de paisaje.

Pero quien lleva las cosas a un extremo es Jorge Guerrero, bajo un tono de profunda melancolía. Ritmo, voz y letra redondean su composición como una de las mejores en el género. La tristeza de este doliente amoroso, aparte de llevarlo a buscar la calle para abandonarse en ella, no consigue paz ni siquiera en los detalles, como por ejemplo un simple paso por la cocina, donde "lloran las perolas, los calderos, los pocillos,los platos y cucharillas".




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